Entrevista a María Verónica Velásquez, psicóloga especializada en adolescentes y bienestar emocional

Hablamos con María Verónica sobre los cambios emocionales durante la pubertad, cómo pueden los padres acompañar a sus hijos adolescentes sin invadir su espacio y qué ocurre cuando un adolescente tiene que enfrentarse a una pérdida o a un cambio importante en su vida.

9/22/20266 min read

María Verónica Velásquez es psicóloga venezolana, graduada en Psicología por la Universidad Central de Venezuela. Se dedica a la práctica clínica privada desde hace dos años y medio, y define este camino como algo maravilloso: la psicología fue siempre la carrera de sus sueños, y poder ejercerla es para ella un privilegio. Acompañar historias y procesos de vida, tanto de adultos como de adolescentes, es algo que agradece todos los días.

Actualmente trabaja con personas adultas y adolescentes. La virtualidad le ha permitido conectar con personas de distintas partes del mundo, e incluso llegar a adolescentes de una forma que la ha sorprendido gratamente: son muy receptivos a este formato, y considera que tiene sentido, porque hoy en día muchos de ellos crecen con un dispositivo electrónico en la mano desde niños. Cree firmemente que este puede ser un medio real para cuidar su salud mental.

Su enfoque y áreas de trabajo

Principalmente acompaña procesos de duelo, pérdidas, orientación vocacional, proyecto de vida, autoestima y ansiedad; procesos donde suele ponerse en juego el mundo interno, el quién se es, e incluso la pérdida de partes de nosotros mismos frente a los cambios de la vida: mudanzas, migración —que nos atraviesa a todos por igual—, cambios de colegio, y sobre todo, el sentido que cada quien le da a su propia experiencia.

En los procesos que acompaña, le gusta devolverle a sus consultantes su poder personal: que logren potenciar sus propios recursos internos y sostenerse a futuro frente a las dificultades de la vida, por sí mismos.

Si tuviera que resumirse en tres palabras, diría que es alguien auténtica, cercana y ética. Busca un equilibrio justo entre esas cosas: que la reconozcan como alguien auténtica, con quien se puede hablar y sostener un proceso, pero también como alguien respetuosa, cuidadosa y ética con el mundo emocional de quienes llegan a su consulta.

Cambios emocionales en la pubertad y el rol de los padres

  1. ¿Qué cambios emocionales son más frecuentes durante la pubertad y por qué suelen tomar por sorpresa a las familias?

En esta etapa es muy frecuente ver cambios emocionales como irritabilidad, mayor sensibilidad, llanto, enojo, e incluso frustración por no comprender lo que sienten. Y es normal: están creciendo, atravesando cambios físicos y construyendo las bases de su identidad. Lo que suele tomar por sorpresa a las familias no es tanto la emoción en sí, sino no saber cómo lidiar con ella —y ahí suele estar el mayor golpe al vínculo padres-hijos. Es algo que siempre me pregunto: si un adulto no sabe reconocer y manejar sus propios estados emocionales, ¿Qué le queda para comprender y manejar las emociones de sus hijos? ¿Cómo se les enseña sobre eso?

  1. ¿Cómo puede un padre o una madre diferenciar entre un cambio de humor "normal" propio de la adolescencia y una señal de alerta que sí requiere atención profesional?

Algo importante es empezar por preguntarse: ¿conozco a mi hijo? ¿Dedico tiempo a observar cómo es en el día a día? Esa mirada interna siempre me parece un buen punto de partida. Las señales de alerta suelen aparecer como algo distinto a lo que normalmente es mi hijo: ¿se aisló? ¿dejó de hablar? ¿esconde su cuerpo, se cubre mucho con la ropa? ¿no quiere ir al colegio? ¿evita estar cerca de ciertas personas? Por eso es tan importante construir un vínculo con los hijos, para que en medio de algo fuera de lo "normal" sientan que tienen un adulto en casa dispuesto a atender y responder a sus dificultades. Y sobre todo, no minimizar ni decir que algo es exagerado cuando para un adolescente sí lo es.

  1. ¿Qué actitudes de los padres, aunque tengan buena intención, suelen dificultar más la relación con un hijo o hija adolescente en esta etapa?

Creer que sus hijos son "exagerados", regañarlos o hacerles señalamientos sobre sus emociones ("no deberías estar triste, tienes todo lo que necesitas", por ejemplo). Entiendo que a veces puede ser desesperante ver las emociones o actitudes propias de la edad, y que parezca que no valoran todo lo que se hace por ellos al proveerles lo necesario. Es válido sentirlo así, pero eso no sostiene un buen vínculo ni un sostén emocional, que es justamente la base de su crecimiento.

  1. ¿Qué herramientas concretas recomendarías a las familias para acompañar la regulación emocional de un adolescente sin invadir su espacio?

  • Crear espacios de comunicación en casa: que crezcan sabiendo que hay un momento para conectar, hablar del día y de las emociones, y así conocerse mejor.

  • Ser pacientes. Quizás es la recomendación más difícil, pero dar espacio también genera cercanía: "respeto tu espacio, y cuando estés en calma, me acerco a ti".

  • Incluirlos en los planes y tomar en cuenta sus opiniones, aunque sea para una salida o una comida. Es otra forma de conocerlos.

Acompañar pérdidas y cambios importantes

  1. ¿Cómo vive un adolescente una pérdida importante —un cambio de colegio, un cambio de ciudad, o el fallecimiento de un ser querido— de forma distinta a como la viviría un niño o un adulto?

Cada niño o adolescente es único, así que cada pérdida se manifiesta de manera diferente. Algo que suele estar presente es mayor irritabilidad, aislamiento, querer estar solos, comer poco. En muchos casos, los adolescentes llegan a pensar que son responsables de la pérdida, o que los adultos quieren arruinar su estabilidad —y la estabilidad, para ellos, es sinónimo de seguridad. Por eso es clave no tratarlos como espectadores pasivos frente a los cambios, porque eso siempre los tomará por sorpresa y los afectará más. Hay que tratarlos como parte activa del proceso: si un familiar tiene una enfermedad crónica y puede fallecer, comunicárselo y explicarles el proceso, acompañarlos en él —lo que no se les dice, ellos se lo inventan—. Si hay un posible cambio de ciudad por trabajo, conversarlo con ellos y atravesar el proceso juntos. En una pérdida, darles espacio, pero sin dejarlos solos: dar espacio no es lo mismo que dejar solo. Cuando damos espacio, respetamos su forma de procesar sin invadirlos, pero seguimos cerca, cuidando sus vulnerabilidades; dejarlos solos es no prestar atención a lo que les pasa, y eso sí puede ser perjudicial.

  1. ¿Cuáles son los errores más comunes que cometen las familias cuando intentan "proteger" a un adolescente de este tipo de situaciones?

El error más común es creer que "no entienden lo suficiente lo que pasa". Créanme, sí entienden, sí saben. El problema es que, como nunca se habla abiertamente de esas situaciones, no saben qué lugar darle a lo que sienten. Proteger no significa alejarlos de todo evento disruptivo, doloroso o vulnerable: significa acompañarlos cuando eso sucede.

  1. ¿Qué señales indican que un adolescente no está gestionando bien un proceso de duelo o de cambio, y en qué momento es momento de buscar ayuda profesional?

Cuando el adolescente deja de hablar, deja de comer, se muestra violento, muy reactivo, baja su rendimiento escolar o deja de cumplir con sus actividades habituales. En esos casos, el acompañamiento profesional puede darle a los padres justo esa ayuda que quieren ofrecer y no siempre saben cómo dar —sobre todo cuando, para ellos también, atravesar su propia pérdida está siendo difícil.

  1. ¿De qué manera un buen acompañamiento en estos momentos puede fortalecer la relación y los vínculos familiares a largo plazo?

En el espacio terapéutico, los adolescentes aprenden habilidades sociales: a gestionar sus emociones, a conocerse mejor a sí mismos, y sobre todo, a darle lugar a lo que sienten y construir mejores vínculos. Pero ese aprendizaje no es solo de ellos: va de la mano con el compromiso de los padres, y es justamente ese compromiso y acompañamiento en los procesos individuales lo que fortalece el vínculo a largo plazo. En el proceso de un adolescente no solo trabaja él: los padres también, y eso es muy positivo.

  1. Si pudieras dar un solo consejo a los padres que hoy están preocupados por el bienestar emocional de su hijo o hija adolescente, ¿cuál sería?

Que estar preocupados ya es algo bueno, porque significa que quieren saber cómo ayudar. Aunque al principio parezca difícil, es hermoso que se preocupen y que sus hijos lo reconozcan. Nadie nos enseña a ser padres: se aprende en el camino, y ese camino no tiene por qué ser horrible. Puede ser, incluso, una oportunidad para reconocer que están haciendo lo mejor que pueden —y eso es válido—. Querer hacerlo mejor es, en sí mismo, un plus dentro de este proceso de aprendizaje.


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